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Imagen referencial / Cortesía

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Así es la vida de la asesina de Selena Quintanilla, a 26 años de su muerte

Selena Quintanilla murió de un balazo a sus 23 años


Este 31 de marzo se cumplen 26 años del asesinato de "la reina del Tex-Mex”, Selena Quintanilla, un acontecimiento que conmocionó no solo a sus fans, sino a todo el gremio de la música.

A sus 23 años y cuando había alcanzado la cima de su éxito, a la estadounidense de origen latino, Selena Quintanilla, le arrebató la vida una de las personas de quien menos se podría sospechar: Yolanda Saldívar.

Yolanda Saldívar era una persona de confianza para Selena, era su fanática número uno y se ganó el corazón de la artista al grado de convertirse en su asistente y administradora de la boutique Selena Etc.

Saldívar, nació el 19 de septiembre de 1960 en San Antonio, Texas, asistió a la escuela Kennedy. En 1985 fue aceptada en la Universidad de Texas y en cinco años se graduó como Licenciada en Ciencias de Enfermería. Quienes la conocían afirman que estaba obsesionada con perder peso ya que no estaba a gusto con su figura.

Yolanda tenía 34 años cuando le disparó a Selena, a cuyo hermano, Abraham Quintanilla Junior, llamó insistentemente para proponerle la creación de un fanclub, propuesta que aceptaría y en menos de cuatro años, el grupo de admiradores ya contaba con 5 mil miembros. El trabajo de Yolanda era muy apreciado por Selena, de quien se ganó su confianza y la quería como una amiga, incluso la consideró parte de su familia.

La asesina fue condenada a cadena perpetua, y hoy a sus 60 años, vive recluida en una celda de 3.5 x 2 metros en la cárcel de la Unidad Mountain View, en Gatesville Texas, operada por el Departamento de Justicia Criminal de Texas, donde transcurren sus días todos iguales con una rutina de breve esparcimiento al despertar, y sus labores como conserje por la mañana y tarde.

A 26 años de haber cometido el crimen, Yolanda vive aislada del resto de la población de internas, porque las autoridades han determinado que corre un peligro latente de ser asesinada por reclusas que “ya no tienen nada que perder” y que incluso ya la han amenazado de muerte.