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Foto Margin Pozo.

Foto Margin Pozo.

Joven con discapacidad busca emprender a través de la horticultura

Ánthony Martínez es un adolescente apasionado por las plantas.


Ánthony Martínez, un adolescente que ama la horticultura, nació en la ciudad de Jinotega con un diagnóstico médico poco alentador.

Antonia Úbeda, mamá de Ánthony Martínez, relata que él nació antes de los nueve meses y los médicos no supieron dar un diagnóstico sobre el estado de su salud. Recuerda que era un niño muy pequeño, fue impactante para ella verlo en una incubadora, nunca había visto a alguien de ese tamaño. No lo escuchó llorar hasta el quinto día de nacido. Fue trasladado al Hospital La Mascota con la advertencia de que no tenía muchas esperanzas de vida.

En el hospital La Mascota lo ubicaron en una mesa grande y llegaron varios especialistas a verlo y le dijeron que presentaba múltiples malformaciones congénitas: paladar hendido, falta de úvula, obstrucción del conducto lagrimal izquierdo, malformación en la articulación del tobillo derecho, hernia en el ombligo y hernia en la ingle, señala la mamá del joven.

Pese a ese diagnóstico, Antonia Úbeda dice que no perdió la fe y confió en que su hijo mejoraría.

Lo empezó a llevar a Los Pipitos, notó un avance en él lo cual alegraba su corazón. Toda la familia se involucró en las actividades que se establecían dentro de las terapias.

“En mi experiencia como madre siento que la principal barrera que debemos pasar es la discriminación, la discriminación es bien grande y bien dolorosa, no solo afecta a la persona con discapacidad, sino también afecta a la familia. Pero soy del concepto que la discriminación empieza en el hogar y yo no permito que nadie me lo haga o se refiera de una forma despectiva hacia él”, comenta Úbeda.

Inserción escolar

Cuando Ánthony cumplió cuatro años, debía asistir al colegio, pero su mamá tenía temor que lo lastimaran. En Los Pipitos encontró el apoyo emocional y acompañamiento en el proceso de inclusión escolar. Lo matriculó en una escuela cerca de este centro de atención temprana. Ella lo llevaba al aula de clases con la intención que se adaptara y socializara con otras niñas y niños de su edad; pero se sorprendió cuando la maestra le pidió el material didáctico, eso significaba que Anthony había demostrado que era capaz de hacer las actividades asignadas por sí solo.

“Es un niño entusiasta, perseverante, activo e independiente. Fue una experiencia bien difícil como maestras, pero bonita a la vez, aprendimos a trabajar en el aula de clases con niños con discapacidad y en ese proceso, el involucramiento de la familia es muy importante para que avancen en el aprendizaje”, coinciden maestras del Colegio Simón Bolívar.

Una de las decisiones difíciles para Antonia Úbeda fue la elección del instituto donde estudiaría Antony su secundaria. Siempre anheló ser parte del Benjamín Zeledón y aunque su mamá le ofreció pagarle un colegio privado, no aceptó. Él quería compartir las aulas de clases con sus amigos de primaria y lo logró.

“Soy docente de Anthony, este 2020 tuve la experiencia de tenerlo como alumno y me ha encantado, es un ser humano maravilloso. Esto ha sido para mí una apropiación de mi carrera, llevo 24 años laborando en colegios y él me ha venido a enseñar que aún me falta mucho por hacer. Se integra a todas las actividades y sus compañeros le tienen respeto, porque él se lo ha ganado y es un excelente alumno”, expresa Tirone Iván Pineda, docente del Instituto Benjamín Zeledón.

Su pasión por la horticultura

Los Pipitos inició un proyecto de horticultura con la ayuda de jóvenes estudiantes de agroecología y luego se integraron, niños, adolescentes y jóvenes con discapacidad. Las terapeutas indican que esta actividad tiene muchos beneficios para ellos.

Ánthony fue uno de los adolescentes que se aventuró a esta nueva experiencia y se enamoró de la horticultura, a tal punto que en el patio tiene su propio huerto, donde ha cosecha pepino, naranja, zacate de limón, rábano, tomate, lechuga, remolacha, chiltomas, chayote, entre otras verduras.

Su objetivo es conseguir un espacio más grande para continuar sembrando y luego vender la producción.

Gracias al apoyo del Proyecto Aprendo & Emprendo, a través de Los Pipitos, logró ser parte de las acciones de inclusión a personas con discapacidad, creando en él habilidades en el tema de la horticultura, lo que ha sido fundamental en esta etapa inicial.