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Foto VosTV / Equipo Walkiria Chavarría y Salvador García.

Foto VosTV / Equipo Walkiria Chavarría y Salvador García.

Exclusiva: el relato completo de las dos familias que sobrevivieron al desborde de un río en Carazo durante el huracán Iota

Cinco personas fallecieron el comunidad La Piñuela.


Mientras el huracán Iota hacía sentir sus primeras lluvias en el Caribe Norte, en la comarca La Piñuela, ubicada en el municipio de Santa Teresa, departamento de Carazo, la noche del 16 de noviembre parecería serena.

A eso de las 11 de la noche, las familias ya dormían, pero un estruendo repentino los despertó: era una crecida violenta del río Acayo que descendió desde la parte más alta y los sorprendió con una tragedia en medio de la oscuridad.

Para llegar a La Piñuela primero se tiene que pasar por la comarca La Solera en vehículo, de ahí se debe continuar a pie en un camino de tierra, ya que las lluvia generadas por el huracán Iota terminaron de destrozar el pedregoso camino que está junto al río y que dirige hacia la comarca.

La condición del camino es bastante riesgosa, por ambos lados hay pequeños y grandes derrumbes de tierra y piedras que descendieron desde las montañas, en varios puntos el paso se ve interrumpido porque las corrientes del río y de los afluentes de agua que descienden de las montañas socavaron la vía dejando enormes huecos.

El equipo periodístico de VosTV transitó por el lugar hasta llegar a la casa de Juan Martiniano Canales, en La Piñuela. Este anciano de 87 años recibió al equipo con la mirada casi perdida, pues relató que en los 52 años que tiene de vivir en el lugar nunca había ocurrido algo igual.

Recuerda que esa noche lo despertó un “traquear” y cuando se incorporó de su cama para ver qué ocurría, el agua del río ya había entrado a su vivienda.

“Yo me siento y me vuelo (de la cama), caigo con el agua a la cintura”, narró.

A este anciano lo rescató su hijo Juan Vicente Canales a quien el río se le llevó a su esposa y sus dos hijas.

Juan Martiniano Canales.

Antes de eso, Juan Vicente recuerda que intentó abrir la puerta de su casa, pero la corriente entró con mayor fuerza, desde ahí no supo más de su familia.

Fue arrastrado por el río en la oscuridad, batalló con los azotes de las fuertes corrientes y logró aferrarse al tronco espinoso de un árbol de Pochote, así lo evidencia su mano inquiera que quedó inflamada y llena de suturas. No sabe cómo recobró fuerzas y continuó con la búsqueda desesperada de su familia.

Ayudado con una lámpara, de esas que se colocan en la cabeza, “pero como a él el agua ya le está llegando arriba se le cae la lámpara, queda en lo oscuro, ya no pudo salvar a sus hijos”, señaló su padre.

Juan Vicente intentó rescatar a su familia, pero la corriente del río lo arrastró.

“Pude pedir auxilio, salí del río, fui donde mi vecina", dijo soltando un profundo suspiro, "presté una lámpara y fui a rescatar a mi hija que estaba enganchada en un palo, la mayor de ellas” de 18 años de edad y la única que le sobrevivió, contó Juan Vicente.

La esposa de este campesino, Luz María Chávez, tenía 40 años de edad y sus dos hijas; Yahoska Canales de 14 y María Canales José de 11 años fallecieron al ser arrastradas por el río.

La tranquilidad que una vez caracterizó a la comunidad La Piñuela ahora sólo es un recuerdo.

El río que por años vio crecer a estas familias campesinas y cuyo sonido los arrulló tantas noches, se convirtió en el peor de sus verdugos de forma súbita.

Esa trágica noche quedará para siempre en la memoria de Fátima Rodríguez. Ella junto a su esposo y sus cuatro hijos fueron arrastrados por las corrientes del río. Su hija Daniela Umaña de 8 años y su hermanito Oscar David Umaña de 5 años no lograron sobrevivir.

Esta madre de familia perdió a sus dos hijos.

“Oímos un grito de mi hija: ‘mamá, papá’ ¡ayúdenme!’ Yo oí ese grito y él (el padre de la niña) se fue a buscarla, era mi niña Oneyda Umaña de 11 años que estaba pegada en un árbol, prensada con una lámina de zinc y un charbasquero, entones, él quiso sacarla pero no pudo, pidió ayuda, la niña estaba tapándose de agua, sacaba la cabeza para respirar, ella no se miraba casi, estaba doblada”, narró.

Cerca de Oneyda, estaba Daniela Umaña de 8 años de edad ya fallecida. “Ella (Oneyda) la sintió que todavía (su hermanita Daniela) le apretó duro las manos, a esa hora decía que no aguantaba, pero ella decía que no quería morir, a como pudo él (el papá) la sacó".

El cuerpo de David Umaña de 5 años fue encontrado hasta el miércoles 18 de noviembre y sepultado junto con las otras 4 víctimas de este desastre.

“Estaba enterrado en basura, como pasó otra llena (del río) estuvo lloviendo el día del velorio, parece que la llena donde pasó el agua limpió más, entonces él ya quedó más salidito el niño, hasta ayer (18 de noviembre) se pudo encontrar”, dijo Rodríguez.

Las cinco víctimas eran familiares cercanos, pues la mayor de las víctimas, la mujer de 40 años de edad que falleció, era tía del esposo de Fátima Rodríguez.

Para quienes sobrevivieron, retomar sus vidas después de este trago tan a amargo no será nada fácil porque dicen que el río se les llevó la vida entera.

“Fue una cosa dura que pasó, las casas que fueron perjudicadas, unas no quedaron nada (…) ahí está pasando el río ahora, ahora en La Piñuela como que ya no es Piñuela, es algo terrible lo que pasó”, agregó Rodríguez.

Además, contó que ninguna autoridad de gobierno les alertó del riesgo que tenían por el paso del huracán Iota al vivir a la orilla del río. Juan Martiniano Canales afirmó que él se enteró del riesgo a través de las noticas en la radio, pero ninguna institución del Estado les llegó a evacuar.

“Yo oí la noticia de lo que iba a pasar que (el huracán Iota) era más fuerte del que había pasado, que tuviera mucho cuidado la gente, se podían desbordar los cerros. No hicimos caso, eso fue como unos 5 o 6 días antes, no creí yo (…) no vino nadie, yo me di cuenta por las noticias que tenía en un radio”, afirmó.

Ahora valoran trasladar sus viviendas hacia un lugar más seguro, aunque no saben todavía donde, no quieren volver a experimentar otra tragedia como la que les tocó vivir en La Piñuela.