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Christianne West Ruiz junto a su mamá / Margin Pozo

Christianne West Ruiz junto a su mamá / Margin Pozo

Debido a la falta de oportunidades por su discapacidad, decidió emprender su propio negocio

Christianne West Ruiz es una profesional a la que por su discapacidad se la hecho difícil conseguir un empleo


En el residencial Altamira, ubicado en la ciudad de Managua, habita Christianne West Ruiz, quien nació a los 10 meses de edad y sumado a otras complicaciones en labor y parto, quedó cuadripléjica.

Doña Delmi Ruiz, mamá de Christianne, relata que uno de los médicos le sugirió que comprara el ataúd, porque en cualquier momento su hija podía morir; pero ella tuvo fe en Dios y que le permitiría tenerla más tiempo a su lado.

Christianne comenta que en su niñez le gustaba jugar y compartir con otros niños y niñas, ella ni siquiera se había percatado que tenía una discapacidad, porque todos la trataban sin ninguna diferencia, pero cuando cumplió 12 años, un doctor, durante una consulta sin piedad le dijo a su mamá que jamás iba a poder hablar, leer, escribir y tener una vida normal.

Esa expresión, le partió el corazón y las ilusiones que tenía, fue como haberle echado un balde de agua fría; no obstante, se llenó de valentía y optimismo para demostrar lo contrario y comprobar con hechos que las barreras están en la mente y la sociedad.

Transcurrieron los días y la niña seguía creciendo con salud y normalidad. Los pronósticos médicos fallaron. Había llegado el momento de aprender a leer y escribir. Su mamá, quien era docente se encargó personalmente de ella y así finalizó su primaria.
Siempre quiso aprender hablar inglés y francés. Estudió 10 niveles en la Alianza Francesa y su amor e interés vencieron al clima y los pronósticos.

Quienes la acompañaban, expresan que grababa la clase para luego repasar en su casa. No se daba por vencida, llegaba temprano para practicar con sus compañeros. Pero cuando le tocó hacer el examen final para obtener el diploma, el docente y quien estaba dirigiendo en esa época la institución académica, no le permitieron que fuera en la computadora u oral, tomando en cuenta su discapacidad, pero ellos le exigieron que debiera ser escrito, lo cual no pudo porque no tiene movilidad en sus dedos.

Pero no solo estudió francés, también asistió al Centro Educativo don Bosco a estudiar diseño gráfico y programación en computación, carreras técnicas que no ha podido ejercer, porque en las empresas no le han dado la oportunidad por su condición.

Su mamá y quienes la conocen la describen divertida, carismática, optimista y perseverante. Eso le ha permitido seguir luchando por sus sueños y tener su propio ingreso para su hogar. En la Iglesia San Agustín, en Managua, tiene un espacio donde ofrece gaseosas, repostería, dulces, entre otros alimentos, a los feligreses y desea ejecutar un anteproyecto que vele por los derechos de las personas con discapacidad que quedan en la orfandad.