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Sobreviviente de cáncer de mama: “Desde hace 9 años y medio estoy limpia”

Eda inició su tratamiento contra el cáncer, cuando sintió un dolor agudo en el pecho y notó una malformación extraña.


Cada revisión médica nueva es como jugar la lotería para Eda Pineda Martínez, quien hace nueve años y medio superó el cáncer de mamas, pero el diagnóstico es claro, en cualquier momento podría reaparecer.

“Siempre les dicen a los pacientes que cada revisión es una ruleta rusa y cada vez que me dan el diagnóstico, me dicen que estoy limpia y me felicitan, es una alegría en el rostro de los médicos cuando un paciente está limpio”, dijo Martínez.

Para ella es triste reencontrarse con mujeres quienes en el mismo hospital superaron la enfermedad, pero ahora retornan a su batalla.

“Muy tristes verlas que nuevamente están luchando, son tantas mujeres actualmente luchando”, contó Eda.

Cuando tenía 37 años, Eda inició su tratamiento contra el cáncer, cuando sintió un dolor agudo en el pecho y notó una malformación extraña. Tenía el peor tipo de cáncer de mamas, un carcinoma ductal grado 2B.

“Estaba cocinando cuando sentí una punzada en uno de mis senos y yo me metí al cuarto y me examiné, sentí una pelotita como un granito de frijol, fui al médico al día siguiente, porque ya había un caso en mi familia, el de mi hermana mayor, que era sobreviviente de cáncer de seno”, indicó.

Fueron hasta 24 quimioterapias y 90 radioterapias a las que fue sometida Eda, en busca de recuperarse.

“Me habían dicho que el cáncer que yo tenía era muy difícil, incluso una doctora me dijo -creo que solo en los Estados Unidos hay tratamiento para vos-, costaba el tratamiento 65 mil dólares, de dónde iba a sacar esa cifra yo”, rememoró.

Pero la batalla por su vida casi la pierde en reiteradas ocasiones, la más recordada y difícil fue cuando llevaba apenas su segunda quimioterapia. En ese momento los cambios que le causaban la quimioterapia eran evidentes: se le cayó el cabello, las cejas y pestañas fueron cediendo.

“Yo no sabía si era de noche o de día y si alguien me hablaba yo ni siquiera escuchaba, me bañaban acostada, yo no comía nada, pase 8 días sin comer y mi hijo menor me dio una lección de vida ese día, llegó a mi cama, me tocó la rodilla y me dijo: -mamita, quiero que me prometas algo, quiero vivas, yo te necesito-, eso me hizo reaccionar, me dio ánimos”, recordó.

Esa etapa la recuerda también su hija Scarleth Solís Pineda, quien era la encargada de cuidarla y pensó ese día perdería a su madre.

“Ella prácticamente se desmayó y perdió la conciencia, en ese momento era de madrugada, no sabía cómo reaccionar, no sabía a quién pedirle ayuda, pero llame a sus médicos, lograron trasladarla y revitalizarla en el hospital”, mencionó Solís Pineda.

Su hija mayor, en ese momento, cursaba sus años de universidad y la noticia cambio todos sus hábitos, porque era la compañera principal durante su tratamiento.

“Me tuve que armar de valor, nunca permití que ella me viera llorar, nunca llore enfrente de ella, aunque por dentro me estaba muriendo, me caía a pedazos, pero ya Dios me dio la fuerza en ese momento de no caer”, refirió.

A pesar del tiempo que tuvo que dividir entre sus estudios y la enfermedad de su madre, Scarleth logró graduarse de química farmacéutica y fue doble el triunfo al recibir la noticia que Eda también había superado el cáncer que la aquejaba.

Según la doctora Cecilia Pérez Mendieta, radióloga, la detección temprana es clave para batallar con la enfermedad, por eso insta a partir de los 21 años iniciar el autoexamen y su primera mamografía a los 40 años.

“Cuando ya ven que empieza a desarrollar la niña, que ya empieza a desarrollarse su tejido mamario, hay que explicarle durante el ciclo menstrual, va a aumentar el volumen o la textura del pecho, que va a haber un periodo donde va a existir dolor dependiendo del ciclo y que la niña se conozca desde ese momento y se comience a hacer exámenes”, dijo Pérez.

El sueño a futuro de Eda es la apertura de una fundación que alberge y brinde ayuda a mujeres que padecen todo tipo de cáncer, porque actualmente su momento favorito es visitar a quienes batallan con esta enfermedad, darles ánimos y relatar su “testimonio de vida”.

“Ahorita estoy pasando por un proceso de una sobrina que tiene 31 años, ella fue de diagnosticada hace 3 años y medio, pero tristemente el cáncer que ella tenía era invasor, pero tratable, lo que pasa es que ella abandonó el tratamiento, así lo decidió y ahorita solo Dios con su poder”, expresó.

Eda sufrió una mastectomía radical, lo que significa perder por completo su seno. Cree que fue la mejor decisión en busca de evitar recaer en esta enfermedad, sin embargo, nada está seguro, aunque confía tiene la fortaleza si le tocará vivirlo nuevamente.

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